17 de junio de 1970 – 17 de junio de 2020: medio siglo de resistencia y de frustraciones.

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NOTA DE PRENSA:

Hace cincuenta años que tuvo lugar la primera insurrección saharaui contra el colonialismo español. Bajo el liderazgo de Mohamed Sidi Brahim Basiri, un clérigo de origen saharaui instalado a finales de los años sesenta, el proceso de reivindicación de mejoras sociales y económicas arrancó en la localidad de Smara aglutinando a obreros y algunos funcionarios y soldados adscritos a la administración colonial española. Posteriormente se extendió por otras zonas del territorio, principalmente en los barrios periféricos de la ciudad de El Aaiun donde radicaba el centro del poder colonial concentrado entonces en manos de oficiales españoles sin preparación académica, ni visión o experiencia política.

A finales de los años sesenta el asunto del Sahara Occidental se había introducido en los debates de la ONU a raíz de la aprobación de la resolución 1514 de la Asamblea General de la ONU relativa a los pueblos y países bajo dominación colonial. Las autoridades coloniales que, hasta ese momento, consideraban el territorio saharaui como una provincia más de España, comenzaron a asumir el derecho a libre determinación de la población saharaui frente a la creciente presión de los países limítrofes en favor de la descolonización.

El 17 de junio de 1970 la administración colonial española planificó, en colaboración con los miembros de la Asamblea del Sahara, el único órgano de representación saharaui existente, un acto de lealtad de la población saharaui a la potencia administradora. Para frustrar dichas celebraciones, Bassiri que había organizado a sus seguidores en la incipiente Organización de la Vanguardia decidió organizar un acto paralelo en la misma ciudad para llamar la atención y plantear sus primeras reivindicaciones a las autoridades coloniales.

El acto se celebró en el barrio de Zemla en presencia de varios centenares de simpatizantes y curiosos.  Las autoridades españolas trataron de disolver la concentración primero a través de medios pacíficos y finalmente por medio de la intervención de unidades de la legión o “tercio” que terminó disparando contra los manifestantes. El resultado fue la muerte de varios ciudadanos y la detención de decenas de personas, entre ellos el líder de la Organización Mohamed Sidi Brahim Bassiri. Este último se dio por desaparecido aunque se cree que fue ejecutado por las autoridades coloniales días después.

La torpeza de las autoridades militares esoañolas frustró un intento de descolonización moderado, pacífico y civilizado el cual pudo haber evitado la tragedia indecible que sufrirán los saharauis a partir de 1973.

Bassiri logró hacer llegar a las autoridades españolas una propuesta de arreglo moderada basada en la idea de una autonomía. Fue una propuesta inteligente y viable que tropezó con la rigidez de una dictadura torpe que se había aliado con Hitler en la segunda guerra mundial y quedó fuera del sistema de Naciones Unidas hasta mediados de los años cincuenta del siglo pasado.

Tres años después de los inicidentes de Zemla se produjo el giro trágico y el comienzo de la marcha interminable, bajo la dirección del Polisario, la cual continúa hasta nuestros días congelando en el tiempo una situación marcada por la guerra, el exilio, los sufrimientos y la incertidumbre.

 Vivimos pues la consecuencia inevitable de una aventura, mal calculada y peor gestionada, fruto de una amalgama de ideas, doctrinas y personajes de lo más raro y extravagante. Desde frustrados militantes de la izquierda marroquí hasta ingenuos y románticos seguidores de las ideologías del panarabismo nasserista en Mauritania pasando por trasnochados troskistas y maoistas hasta, la no menos compleja nebulosa “progresista” conformada por seguidores de la revolución argelina, admiradores de las gestas de los fedayines palestinos y por supuesto entusiastas del recién estrenado y generoso caudillismo del coronel Gaddafi. Toda una panoplia de ideas, intereses y motivaciones de lo mas dispar y heterogéneo que se transformó en una suerte de movimiento armado, el cual 47 años después, sigue congelado en el tiempo y en el espacio.

El problema del Sahara, medio siglo después de los hechos de Zemla, sigue estancado y sin perspectivas de solución. La mayoría de los saharauis siguen perdidos entre el exilio y la diáspora, separados de su tierra por una muralla llena de minas y sin esperanzas en cuanto a un futuro mejor. A medida que pasa el tiempo el problema del Sahara va perdiendo interés, cada vez el más olvidado y marginal en la agenda internacional.

En el momento en que se cumple medio siglo de los acontecimientos de Zemla, el Movimiento Saharauis por la Paz quiere reivindicar como suyo la moderación que caracterizo aquel primer grito de liberación y las cualidades y virtudes de su líder Mohamed Sidi Brahim Bassiri. Sobre esa vía el MSP se reafirma y se compromete a continuar  hasta conseguir una solución que clausure el viaje a ninguna parte en el que  se ha embarcado  nuestro pueblo y abra  una era de paz, tranquilidad y dignidad.

Comité de Prensa

17 de junio de 2020

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